martes, 10 de diciembre de 2013

Interior

Quizás muera aquí
en la sección
de perfumes,
una anciana
rosearía mis órganos
con colonia
para mantenerlos puros


o quizás muera en
una estación de
subterráneo/
los ojos sobre mi
los pies sobre mi
nadie recoge
al cuerpo lastimado,
mi rostro se interpone
entre la saliva de un hombre
y el suelo de cerámica


quizás muera cerca
de un monumento
cuál de todos los
próceres tendrá el
coraje de enterrar
el cadáver de quien
lucha contra
la profundidad verdosa
de sus propios
tejidos vasculares


quizás muera en el
hospital/
una sonda conectada
a la vulva
otra al
cerebro

quizás muera en fiestas
elegantes
rodeada de figuras
que murmuran
intentando cubrir
el silencio
aunque yo lo escucharía
porque allí están  agazapados
los crujidos óseos,
siempre ganando la batalla
esa batalla
de llevarnos al
lugar de pertenencia
génesis.

Todos lloramos en el
ruido de la noche.

Todos conocemos el nombre
de nuestro infierno.


Quizás
no es el momento de
morir/
todos esperan una respuesta,
estoy
en el umbral
quieta,
con la piel pálida
y sola.